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El packaging del futuro: Las tendencias que van hacia el embalaje sensorial

Todas las tendencias apuntan hacia una clara concepción del packaging en el futuro. Se trata de una apuesta clara por la creatividad y los sentidos. Una vez cubiertas las necesidades de funcionalidad y de logística, los diseñadores parecen apostar por una mayor atención en el empaquetado.

Las tendencias del futuro del packaging

Todo ello viene motivado por los nuevos cuidados que se tienen hacia la experiencia del usuario. Y es que las marcas buscan que esta no se termine, directamente, tras la venta. Lo que buscan es que también el proceso de recepción y apertura pueda hablar en favor del producto. Ahora bien, hay tres campos o estilos diferentes con los que puedes trabajar, y que te los explicamos a continuación.

Packaging sensorial

Principalmente es un modelo de empaquetado que trabaja su diseño a partir de los sentidos del cliente que vaya a recibir el producto. Es decir: cuidar la vista, el tacto y el olfato (y, en casos muy concretos, también se puede centrar en el sabor).

Esto supone conocer adecuadamente a tu público y, al mismo tiempo, tener conocimientos psicológicos que puedan ser de utilidad. Un ejemplo muy claro estaría en los colores; todos ellos están asociados a nivel inconsciente con determinados sentimientos o emociones. Esta es la clase de truco que se puede utilizar en el empaquetado.

Así, el tacto de los materiales que envuelven el producto, los colores que se utilizan para ello o incluso el olor que desprende la caja al abrirse son elementos con los que trabajar.

Se trata de un empaquetamiento muy intuitivo que funciona a un nivel muy básico, pero que no por ello es menos efectivo. Produce una satisfacción natural, siempre y cuando se coordine adecuadamente esta táctica con la estrategia general de la propia marca.

Packaging inteligente o smart packaging

Este modelo de embalaje no tendría una serie de características tan definidas como el anterior. Y es que con los envases inteligentes se trata, más bien, de buscar una actitud o una simbiosis efectiva entre el empaquetado y el propio producto.

Por ejemplo, uno de los casos más representativos del smart packaging está en determinados productos alimenticios. Y es que su embalaje cambia de color o emite señales cuando el producto está a punto para el consumo. Es decir: no solo se trata de algo que proteja su contenido, sino que puede llegar a complementarlo.

Determinados envases de líquidos también han empezado a incluir esta clase de medidas. Y es que principalmente puedes encontrar ejemplos dentro del mundo de la alimentación, pero no solo ahí.

El principal reto de este modelo estaría en cómo lograr un diseño que, de manera intuitiva, ofrezca una clara funcionalidad al usuario. En los casos más extremos siempre se puede enviar una explicación, y es que el mayor fracaso del smart packaging estaría en aquellos casos en los que las nuevas funcionalidades no son aprovechadas por el usuario.

Packaging ecológico

Se trata de un empaquetado especialmente pensado para un nuevo grupo de consumidores: aquellos que han introducido sus demandas éticas dentro de su decisión de compra. Concretamente, aquellas demandas directamente relacionadas con la contaminación del empaquetado.

Son muchas las personas concienciadas sobre los problemas del plástico y su efecto sobre los ecosistemas. Por lo tanto, van a preferir y a seleccionar primero aquellos productos que no los utilizan, especialmente en el caso del envasado.

En estos casos, siguiendo la estrategia ecológica, se valorará un empaquetado natural, que produzca el menor número de emisiones posible y que mantenga al producto dentro de un universo más natural

La importancia del embalaje sensorial

Queremos detenernos especialmente en este modelo por varios motivos. Y es que, principalmente, puede coexistir perfectamente con los anteriores, de manera que no llega a entrar en conflicto directamente.

Estos serían algunos de los puntos desde los que trabajar este empaquetamiento:

El empaquetamiento debe ser minimalista

La información va a entrar por los sentidos. Por lo tanto, no hay que saturar el paquete apelando a demasiados sentidos, o haciéndolo de una forma excesivamente violenta. Es algo que debe mantener su presencia pero sin por ello absorber toda la atención.

El empaquetamiento tiene que tener una clara comunicación

Esto pasaría, primero, por seleccionar algunas emociones que queremos despertar. Piensa que no se trata sencillamente de que el embalaje sea percibido por los sentidos de forma descontextualizada. Se busca crear un sentimiento total o envolvente. Y hay que definirlo previamente antes de empezar con el trabajo concreto.

Pensar en el público y la marca

A veces una idea nos parece tan buena que nos olvidamos de lo demás con tal de realizarla. Este es un claro error. Lo más importante es no perder de vista los gustos del público y, a la vez, mantener el embalaje acorde con la imagen de la marca.

En conclusión, el packaging del futuro es un elemento sobre el que es indispensable reflexionar detenidamente. Principalmente, porque va a determinar la experiencia del usuario y, por ende, su satisfacción.

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